Venezuela: La esperanza del retorno de las petroleras de EE.UU. tras la caída de Nicolás Maduro

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En el corazón de la cuenca petrolífera más productiva del mundo, los habitantes de Maracaibo y sus alrededores observan con una mezcla de nostalgia y expectativa el nuevo panorama político tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero de 2026. Tras décadas de deterioro, corrupción y caída en la producción, la promesa de Donald Trump de revitalizar la industria venezolana para favorecer los intereses de Washington ha encendido una luz de esperanza en una región que hoy parece una versión distópica de Texas.

El contraste de la bonanza y la crisis

La historia de Maracaibo está intrínsecamente ligada a las multinacionales estadounidenses desde 1914. Veteranos de la industria como José Rodas, de 93 años, aún conservan vehículos de la década de 1970 como símbolos de una era de riqueza donde los campos petroleros contaban con hospitales, escuelas y clubes sociales de primer nivel. Hoy, ese esplendor ha desaparecido: los salarios mínimos son inferiores a US$1 al mes, los servicios básicos colapsan a diario con apagones constantes y la infraestructura está marcada por el saqueo y el abandono.

Giro político y nueva Ley de Hidrocarburos

En un cambio de paradigma histórico tras un cuarto de siglo de nacionalismo proteccionista, la Asamblea Nacional aprobó este jueves una nueva Ley de Hidrocarburos. Esta legislación busca:

  • Abrir la industria a la inversión privada extranjera de forma masiva.
  • Permitir asociaciones mixtas con mayor control privado, una exigencia clave de Trump para el regreso de las compañías estadounidenses.
  • Atraer capitales para recuperar aproximadamente 13,000 pozos en el Lago de Maracaibo que podrían reactivarse.

Un desafío de una década

Aunque figuras del chavismo como el diputado Juan Romero admiten que el Estado ya no tiene capacidad financiera y dependen de la inversión extranjera, el camino no será sencillo. Expertos advierten que restaurar la producción (que cayó de 3.2 millones de barriles diarios en 1999 a solo 860,000 en 2025) podría tomar una década y requerir cientos de miles de millones de dólares. Empresas como ExxonMobil mantienen la cautela, exigiendo reformas legales profundas y garantías reales contra futuras expropiaciones.

La urgencia ambiental y social

Más allá de los números, el impacto se siente en el Lago de Maracaibo, cuyas aguas están visiblemente contaminadas por constantes derrames de crudo. Pescadores y jóvenes de la zona ven en el regreso de las «petroleras gringas» no solo una oportunidad de empleo digno para evitar la migración forzada, sino también la esperanza de que se limpie un ecosistema herido por el olvido. Para muchos en Zulia, el petróleo bajo sus pies sigue siendo la única vía para que Venezuela vuelva a ser el país que sus abuelos recuerdan.

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